No podemos Psiquiatrizar la vida cotidiana y … además puede ser perjudicial

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Miguel Ángel RizaldosLa inclusión en el DSM-V de la “desregularización disruptiva del estado de ánimo” (“berrinches continuados en los niños” para que nos entendamos). Ha provocado controversia y no es para menos. Lo cierto es que los profesionales de la salud mental que estamos en la práctica diaria y que contamos con experiencia y recorrido profesional suficiente tratamos de huir lo máximo posible de la “Etiqueta diagnóstica”.

Así, tanto mis colegas americanos como británicos han puesto el grito en el cielo y, tras el anuncio del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU. de dar la espalda a la clasificación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) y elaborar una nueva clasificación diagnóstica basada en marcadores objetivos y biológicos, la División de Psicología Clínica de la Asociación Británica de Psicología aviva aún más la polémica mostrando su oposición a la aplicación del modelo biomédico para la comprensión de los trastornos mentales.

Y realizan un llamamiento internacional para el abandono definitivo del modelo de “enfermedad y diagnóstico” en salud mental. Proponen (y estoy de acuerdo), realizar un cambio de paradigma en relación a los diagnósticos del DSM, hacia un sistema conceptual que no esté basado en un modelo de enfermedad.

Es verdad por otra parte que un sistema de clasificación resulta fundamental para facilitar la comunicación, seleccionar la intervención, identificar la etiología, predecir los resultados y proporcionar una base para la investigación, pero para ser eficaz debe tener fiabilidad y validez. Y esto no resulta así, ya que cada cierto tiempo hay modificaciones que ponen en evidencia su falta de validez.

Los graves perjuicios que puede suponer para las personas en general y los menores en particular es el de ser tratadas bajo la perspectiva exclusivamente biológica. Esto facilita una mayor estigmatización, la falta de búsqueda de las verdaderas causas del problema, la confianza ciega en la medicación… Todo ello sin ponderar los riesgos y la falta de eficacia del tratamiento farmacológico, que han sido evidenciados incluso en las investigaciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por el contrario, existen pruebas cada vez mas concluyentes de que el sufrimiento humano es el resultado de una compleja combinación de factores psicológicos y sociales.

Además, los niños y adolescentes serán particularmente susceptibles de recibir un diagnóstico de Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo o de Síndrome de Psicosis Atenuada. Ninguno de estos dos nuevos trastornos propuestos tiene una base sólida en la literatura de investigación clínica, y ambos pueden ser “tratados” con neurolépticos que, como sugiere la evidencia creciente, tienen efectos secundarios especialmente peligrosos además de una historia de prescripciones inapropiadas a poblaciones vulnerables.

Los avances en neurociencia, genética, y psicofisiología han aumentado significativamente nuestra comprensión del sufrimiento psicológico. La revolución neurobiológica ha sido increíblemente útil para conceptualizar las condiciones con las que trabajamos. Sin embargo, incluso después de “la década del cerebro,” ni un solo marcador biológico (“biomarker”) puede fundamentar con fiabilidad una categoría diagnóstica del DSM.

Para concluir, decir que los profesionales de la salud no debemos de olvidar que “nuestros pacientes son personas y por lo tanto son mucho más que un diagnóstico”.

Para la reflexión os invito a ver este extracto de un capítulo de la serie de TV “Con C mayúscula”.

Miguel Angel Rizaldos Lamoca

Psicólogo Clínico

RIZALDOS. Psicología Clínica online

[email protected]

www.rizaldos.com

 

4 COMENTARIOS

  1. Totalmente de acuerdo, hay que ir a la causa, no a tapar el síntoma (que debería ser nuestro aliado), mucho menos a base de medicación o estigmatización. Tampoco podemos clasificar como enfermedades comportamientos normales y sanos como las rabietas de los niños. El DSM cada vez iba a más y ya era hora de que los profesionales levantásemos la voz. Gracias por sus palabras.

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