En un mundo de compra y venta, nuestros órganos también importan

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El transporte y la cesión de órganos con el fin de lucrarse está a la orden del día. Hay constancia que en países como China han llegado a extraer órganos a presos condenados a muerte con y sin su autorización. “Personas” afirman que hay pruebas y la ONG Human Rights Watch asegura que cohibían a los presos para que firmaran obligados las autorizaciones.

No es justo que personas de alta posición social tengan acceso a un trasplante a costa del vacío legal en los países pobres de América Latina, África y Asia. Donde es fácil ver como saldan un riñón para poder comer o para pagar deudas. En Países como Nicaragua o Brasil, aparecen al año centenares de niños vivos con cicatrices sospechosas o cadáveres abiertos tirados en la calle.

Va en contra de los derechos humanos vender parte de tu cuerpo para poder satisfacer unas necesidades básicas de supervivencia. Afortunadamente la mayoría de las personas están de acuerdo con que es una actividad criminal organizada y sin límites.

Si la palabra “trafico” la sustituyéramos por “donación” seria otra historia…

Tampoco es justo que mueran muchas personas con órganos sanos y que otras muchas mueran por quedarse en lista de espera. Aunque la solidaridad de la sociedad ha ido aumentando debido a las atrocidades publicadas sobre dicho asunto, pienso que debería ser obligatorio para el Sistema Nacional de la Salud que todo ser humano tenga la obligación de donar sus órganos una vez fallecido a otras personas de necesidad vital.

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